Cuidado con creer que ya lo sabes…
Es un impulso natural querer aprender, descubrir y explorar, además es necesario que se lleve ese proceso para descubrir el sentido de nuestra vida, para estimular y desarrollar nuestras funciones cognitivas superiores y para fortalecer y armonizar nuestra sociedad.
Sin embargo, hay riesgos y tal vez uno de los principales es considerar que ya sabemos “todo”, sobre el mundo, las personas (incluidos nosotros mismos) y Dios.
Por eso hay personas que ya no abren la Biblia, que ya no van a Misa o que ya no hacen ciertas oraciones “porque ya conocen” lo que ahí dice o sucede.
Evidentemente este tipo de personas están o han perdido el interés y la oportunidad de hallar mensajes personalizados y actuales del Señor para ellos.
Algo parecido pasa cuando creen ya conocer a ciertas personas con las que más conviven, pierden la esperanza de un cambio o abusan de ciertas conductas predecibles de dichos individuos con los que conviven, pero como diría el filósofo griego Heráclito:
“Lo único que permanece es el cambio”; es decir, todas las personas podemos (y requerimos) cambiar .
Además se corre el riesgo de que ellos mismos no se dispongan a modificar algunos malos hábitos, bajo el argumento de que así son ellos, ¡cuánto daño se hacen con dichas expresiones! Y a los demás también.
Es fundamental que la persona viva con esperanza y humildad; la primera virtud teologal y la otra fruto del Espíritu Santo, dos aspectos para construir una fuerte psique y por ende personas con alta inteligencia intra e interpersonal.

Psicólogo egresado de la UAEH.
Católico
Defensor de la Vida y la Familia
Colaborador del Centro de Atención integral a adultos mayores en CESAGI
(Centro Estatal de Atención Geriátrica)
Deja un comentario