Si en algún momento de tu vida te han surgido estas ideas, es normal. El ser humano busca sentido, y la adolescencia y juventud son etapas especialmente intensas para hacerlo. Según la psicología del desarrollo, es el momento en que nos preguntamos quiénes somos y qué lugar queremos ocupar en el mundo.
Víctor Frankl, psiquiatra que sobrevivió a situaciones extremas, sostenía que la búsqueda de sentido es una de las motivaciones más profundas del ser humano.
Cuando esos pensamientos se vuelven persistentes, pesados o nos hacen sentir que “nada vale la pena”, puede ser señal de que estamos atravesando un momento difícil. No significa que algo esté “mal” en nosotros de forma permanente. El cerebro de los adolescentes y jóvenes aún está terminando de madurar, especialmente las áreas que regulan las emociones y la visión a largo plazo. Por eso las crisis pueden sentirse más intensas y también ser pasajeras.
Las emociones juegan un papel importante en estos momentos: pueden darnos fuerza para levantarnos o, cuando son muy intensas, hacernos sentir que todo se derrumba. Por eso la regulación emocional es una herramienta valiosa. Ayuda a transformar emociones negativas o intensas en emociones menos intensas o más positivas.
Hervás y Hanoch proponen que, para lograrlo, es necesario ser consciente de las emociones que experimentamos, atenderlas, nombrarlas, aceptarlas sin juicios, entender su función y significado, y poner en marcha estrategias para afrontarlas.
Existen diferentes formas de afrontamiento que pueden ayudarnos: cuestionar los pensamientos negativos, recordando que las crisis son transitorias. Cuidar nuestra seguridad, realizar actividades placenteras o relajantes, mantenernos ocupados de manera saludable, estar en un lugar seguro, ayudar a otros, hacer ejercicio, salir a caminar o descansar son caminos concretos que pueden aliviar el peso del momento.
La investigación en salud mental muestra algo esperanzador: el apoyo social es uno de los factores protectores más potentes.
Tener personas que te escuchan, que te valoran y que están dispuestas a acompañarte reduce el riesgo de que el dolor se quede solo. Amigos, hermanos, padres, maestros, un vecino, alguien del grupo juvenil, un párroco o un psicólogo de confianza pueden ser esa red de apoyo. Pedir ayuda no es debilidad; es un acto de valentía y de cuidado hacia uno mismo.
Tú eres valioso. Existe una vida hermosa por vivir, aunque ahora no lo parezca. Como ha recordado el Papa León XIV; “Juntos podemos descubrir que la vida es un regalo, que aún mantiene su belleza y significado aun en medio del dolor y sufrimiento”. La esperanza, la conexión con otros y el hecho de no cargar todo en silencio son caminos que la ciencia y la experiencia confirman una y otra vez.
La Pastoral de Adolescentes y Jóvenes (PAJ) Foranía sur Pachuca, encargada de coordinar, acompañar y animar el trabajo de evangelización y formación dirigido a los jóvenes y adolescentes en las diferentes parroquias y movimientos que conforman la diócesis, cuenta con un equipo profesional de psicólogos católicos que brinda acompañamiento y Terapia integral a jóvenes que atraviesan situaciones críticas con el objetivo de fortalecer su resiliencia, bienestar emocional y salud mental.
Si necesitas ayuda, te puedes contactar con la línea de vida 800-911- 2000 y @paj.pachuca.sur.
Recuerda: “El mundo es mejor contigo en él. Tu vida importa, tu voz cuenta y siempre hay un mañana que vale la pena descubrir”.
El amor de Dios traspasa lo más profundo del corazón y llena cualquier vacío, transformándolo en vida.
Si en algún momento piensas que no eres valioso, recuerda que Dios te pensó, te formó
y te dio su aliento de vida.
Tú eres su plan perfecto.
Confía en Él, aunque la vida en este momento sea difícil.
Él te ama tal como eres.
¡Busca ayuda, no estás solo!
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