Durante la audiencia general de este 13 de mayo, el Papa León XIV recordó el atentado sufrido por san Juan Pablo II hace 45 años en la Plaza de San Pedro, al detenerse en oración en el punto exacto donde ocurrió el ataque de 1981, marcado hoy por una placa conmemorativa en el Vaticano.
La conmemoración coincidió con la festividad de Nuestra Señora de Fátima, fecha que el Pontífice vinculó directamente con el atentado contra el entonces Papa polaco, ocurrido el 13 de mayo de 1981.
Su Santidad recordó que aquel hecho permanece unido en la memoria de la Iglesia a la protección maternal de la Virgen María.
“Hoy conmemoramos la festividad de Nuestra Señora de Fátima. En este mismo día, hace cuarenta y cinco años, se atentó contra la vida del papa Juan Pablo II”, expresó el Santo Padre, quien además dedicó su catequesis a la Virgen María.
Se reflexionó sobre el capítulo VIII de la constitución dogmática Lumen Gentium, dedicado a María como modelo de la Iglesia. En ese contexto, señaló que la Madre de Dios representa “el modelo perfecto” de lo que la Iglesia está llamada a ser, al acoger con fe y amor la acción de la gracia divina.
Asimismo, León XIV invitó a los fieles a encomendarse a la Virgen mientras la Iglesia se prepara para celebrar la Ascensión del Señor, subrayando la esperanza cristiana en la segunda venida de Cristo.
En su mensaje dirigido a los peregrinos portugueses, el Papa también hizo referencia al Santuario de Fátima, donde miles de fieles de distintos países se congregaron para participar en las celebraciones marianas.
Desde ahí, el Pontífice volvió a elevar una oración por la paz mundial y confió al Inmaculado Corazón de María el sufrimiento de los pueblos afectados por la guerra.
“Que continúe el camino del diálogo”, expresó finalmente León XIV al dirigirse a integrantes de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas Orientales, reunidos en Roma para sesiones de estudio y coordinación.
Ante más de 25 mil fieles reunidos en la Plaza de San Pedro en la Audiencia General de este 18 de marzo, el Papa León XIV continuó su ciclo de catequesis sobre la Constitución Lumen gentium, subrayando que el Bautismo es el fundamento de la identidad cristiana y el origen de la misión dentro de la Iglesia.
El Pontífice explicó que, a través de este sacramento, los fieles son incorporados al Pueblo de Dios y participan del sacerdocio de Cristo, lo que implica una responsabilidad activa en la vida eclesial.
“El ejercicio del sacerdocio común de los bautizados se realiza de muchas maneras; participando de los sacramentos y también ofreciendo la propia vida al servicio de la Iglesia y de los demás”, afirmó.
En continuidad con la enseñanza del Concilio Vaticano II, el Papa destacó que esta participación no es individualista, sino profundamente comunitaria. En ese sentido, señaló que la unidad en la fe da origen a la unidad en la misión:
“De esta unidad de la fe, surge la unidad de la misión de la Iglesia, en la que cada bautizado da testimonio de Cristo según los carismas y la vocación que haya adquirido”.
Asimismo, recordó que el Espíritu Santo distribuye diversos dones entre los fieles, los cuales no deben entenderse como beneficios personales, sino como herramientas para el bien común.
“Los dones no son para uno mismo, sino para edificar la Iglesia”, subrayó.
Durante su reflexión, el Santo Padre reiteró que todos los bautizados forman parte del Santo Pueblo fiel de Dios y están llamados a vivir su fe a través de la oración, la caridad y la participación en la Eucaristía, dando testimonio coherente del Evangelio en la vida cotidiana.
Finalmente, León XIV insistió en que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, permanece unida en la verdad y en su misión evangelizadora, donde cada fiel, según su vocación, contribuye a la construcción de una comunidad viva y en constante renovación.
Con información de Vatican News
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