El sentido de la vida
† El reto es grande y con difícilmente podemos no vernos, no sentirnos, porque la dinámica social de nuestro día a día así lo exige
Valdría la pena en primer momento reflexionar sobre ¿qué es la vida? la biología ya se ha encargado de explicarnos todos los procesos orgánicos que de manera autónoma se llevan a cabo en el cuerpo sin necesidad de procesarlos en la conciencia total, a partir de aquí, podemos plantear que tenemos vida, comenzando desde la concepción.
En muchos casos podríamos decir “no la pedí”, sin embargo, al analizar los detalles de nuestra composición biológica encontramos una serie de milagros o reacciones que difícilmente logramos explicar, como consecuencia de ello surge una de las problemáticas más complicadas del ser humano, enfrentar a partir de su biología, lo que va a hacer con esta vida.
El reto es grande y con ello difícilmente podemos no vernos, no sentirnos, porque la dinámica social de nuestro día a día trabajo, escuela, familia, intereses personales y aspiraciones, muchas de ellas están centradas en este materialismo sin sentido que es vaciante, dejando a la persona con muchos artefactos y que con eso se limita o restringe el anhelo por una vida plena.
Por un momento podemos detener todo aquello que está en nuestra inmediatez y darnos cuenta de que simplemente no tenemos nada. Esto no es nuevo, ya se ha venido diciendo en repetidas ocasiones en muchos escenarios, pero para la psicología sigue siendo un tema preocupante por sus altas consecuencias en la salud emocional.
Al aumentar la velocidad con el que la vida se mueven provocando una necesidad de logro inmediata, crea situaciones emocionales como la frustración, la decepción, el enojo, el cansancio, que se atienden como elementos aislados en la terapia y que en ocasiones no se logra ver que sumados son una causalidad, llevado las personas a una crisis que se manifiesta de muchas maneras, algunas de ellas como ansiedad, angustia, desesperación, agregando los infortunios de la vida, las malas decisiones o simplemente un fracaso, llevan a pensar que la vida no tiene sentido, que el vivir como acto de la vida no tiene valor, por eso escuchamos a ciertas personas con frases como: ¿para qué vivo? ¿qué sentido tiene que yo esté aquí todos estarían mejor sin mí? etcétera.
La respuesta es sencilla vivir pero en la práctica es uno de los actos que implican un amor propio un gusto y un deseo por estar en este tiempo en este espacio valorando cada instante porque la certeza que tenemos es que hay un hoy de que hubo un ayer espérate que habrá un futuro no lo tenemos asegurado en ese sentido retomo algo de lo que dice Schopenhauer:
“el ser humano no está obligado a ser feliz, pero que ello no le quita la intención o la posibilidad de lograrlo”.
Estamos en posibilidad de ser y cuando me refiero a posibilidad es justo pensar ¿en que puedo realizarme? ¿cuáles son mis verdaderas pasiones, anhelos, deseos? y también posiblemente sueños que en la realidad me exigen que los logre que los cumpla que los realice de manera inmediata, nos exige una respuesta ante la vida.
Pasar desapercibido es atentar contra la propia vida, pero si intento y lo logro habré triunfado, pero si lo intento y fallo, aprendo de ello conquistado una de las herramientas emocionales más importantes que el ser humano tiene, y es la capacidad de reconstruirse en el fracaso lo que hoy se le llama normalmente resiliencia, porque claro no es algo que se nos dé de manera natural a todos algunos tendrán que desarrollarla algunos, otros tendrán que hacerla más grande y algunos otros ya viene epigenéticamente en su vida.
Por último, hay experiencias que en el sentido más estricto nos piden que vayamos más allá de lo que vemos y eso es un acto de fe diría Kierkegaard “convertirnos en esos caballeros de fe, para enfrentar nuestras propias vicisitudes con amor y así poder lograr dan ese salto de fe hacia aquellas realidades donde estamos inmersos. Saltar al vacío es confiar en nosotros, pero también confiar en que adelante hay algo que nos espera”.
Recordar en los evangelios el llamado de Jesús a renovarnos constantemente para el encuentro con su Padre amadísimo y poder despojarnos de todo a través de un encuentro con él y con nosotros mismos, para así servir; es un llamado de amor que nos compromete principalmente al servicio de la humanidad y para todos los que somos católicos este es el sentido de vida.
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