† El tema para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales del 2027 nos invita a reflexionar sobre la competencia por obtener unos instantes de atención dentro del flujo acelerado e interminable de contenidos en las redes sociales
El Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede dio a conocer el tema elegido por el Papa León XIV para la 61 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará en el año 2027: “Una nueva mirada: prestar atención en la era del clickbait”.
La propuesta invita a reflexionar sobre cómo la cultura digital y la llamada “economía de la atención” están transformando no solo la manera en que las personas reciben información, sino también la forma en que se relacionan, dialogan y construyen vínculos.
De acuerdo con el Dicasterio, la constante competencia por obtener unos instantes de atención dentro del flujo acelerado e interminable de contenidos está modificando nuestras capacidades cognitivas y, al mismo tiempo, la profundidad de la comunicación interpersonal. Frente a esta realidad, el mensaje plantea una “conversión de la mirada”: volver a mirar el mundo y a los demás con atención y con amor.
El centro de esta propuesta está en aprender a mirar a las personas como las mira Cristo: reconocerlas por su nombre y dignidad, en lugar de reducirlas a etiquetas, opiniones o juicios inmediatos.
La lógica del clickbait permite observar este desafío en situaciones cotidianas. Un titular llamativo puede provocar que una persona comparta una noticia antes de leerla completa o verificar su contexto.
Una imagen puede generar indignación sin conocer la historia que hay detrás; y una opinión diferente puede desencadenar una respuesta inmediata o una descalificación en redes sociales. Frente a estas dinámicas, el mensaje invita a detenerse, leer, escuchar, verificar y comprender antes de reaccionar.
La problemática no se limita al consumo de información, también alcanza las relaciones interpersonales. La velocidad de las plataformas digitales puede acostumbrarnos a responder de inmediato, etiquetar con facilidad o rechazar aquello que contradice nuestras propias ideas.
En contraste, una comunicación auténtica requiere apertura al diálogo, disposición para escuchar y capacidad para encontrarse con quien piensa diferente.
“Comunicar no es captar la atención, ni tampoco venderla, sino custodiarla como un recurso precioso para la relación”, señala el comunicado.
Por ello, la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2027 propone recuperar una “higiene de la atención” que permita establecer una relación más consciente con los contenidos digitales y con quienes están al otro lado de la pantalla.
Con “Una nueva mirada: prestar atención en la era del clickbait”, la Iglesia propone colocar nuevamente la comunicación en el terreno del encuentro humano.
El desafío para comunicadores y audiencias será pasar de una cultura marcada por la reacción inmediata a una comunicación capaz de detenerse, mirar, escuchar y reconocer al otro.
† Franco Escamilla dedicó un podcast a dialogar durante tres horas con 4 sacerdotes católicos
El podcast de Franco Escamilla dedicó uno de sus episodios a dialogar durante tres horas con cuatro sacerdotes católicos sobre vocación, sexualidad, vida, sacramentos y los desafíos de la Iglesia en la sociedad actual.
El comediante mexicano estrenó en su canal de YouTube un episodio de su podcast “Plática de Compas” que llamó la atención por llevar a la mesa, en un ambiente de conversación abierta, diversos temas relacionados con la Iglesia católica y la vida de los creyentes.
En el encuentro participaron el Pbro. José Juan Montalvo, conocido como el ‘Padre Borre’, responsable de la Pastoral Digital en México; el presbítero Juan José “Juanjo”; el padre Rey, responsable de la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Monterrey; y el padre David Jasso, sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey.
Los sacerdotes respondieron preguntas a las inquietudes de muchos laicos, desde el origen de su vocación hasta cuestiones que suelen generar debate dentro y fuera de la Iglesia.
Uno de los primeros temas fue precisamente la vocación sacerdotal: cómo cada uno descubrió el llamado al sacerdocio y qué significó dar su “sí” al Señor.
La conversación también permitió explicar algunas cuestiones de la doctrina católica que suelen generar confusión, como la diferencia entre adoración y veneración a santos, imágenes y advocaciones.
Las reglas y normas de la Iglesia fueron otro de los asuntos abordados; ante las dudas sobre qué orienta la vida de un católico, los sacerdotes señalaron al Catecismo de la Iglesia Católica como una referencia fundamental para comprender la doctrina y la enseñanza de la Iglesia.
La conversación llegó posteriormente a cuestiones de gran sensibilidad social, como el aborto y la eutanasia.
El padre David Jasso sostuvo que la Iglesia no parte del deseo de controlar, sino del respeto a la vida y a “la dignidad humana ante todo”, como uno de los principios destacados durante el diálogo.
En materia de cuidados al final de la vida apareció también el concepto de ortotanasia, entendido como permitir que una persona muera de manera natural, evitando tanto el encarnizamiento terapéutico como acciones destinadas directamente a provocar la muerte: “Debemos acompañar a la persona”, mencionó el padre Rey.
El episodio también permitió conocer una realidad menos difundida: la existencia de diáconos permanentes: los sacerdotes explicaron que hombres que no necesariamente se encaminan al sacerdocio pueden recibir una formación de cinco a ocho años para este ministerio, siempre que cumplan los requisitos establecidos y exista también el consentimiento y acompañamiento de su familia.
Sin evitar temas considerados tabú, la conversación abordó también la masturbación y la integración de la sexualidad. El padre Juanjo invitó a no permitir que una conducta se convierta en una práctica que domine la vida, mientras que el padre David Jasso subrayó que la enseñanza cristiana busca una sexualidad integrada y vivida de acuerdo con la dignidad de la persona.
El tema del abuso sexual de menores ocupó igualmente un espacio importante, con el que los sacerdotes afirmaron que existe una política de cero tolerancia impulsada desde el Vaticano, y explicaron que actualmente los procesos de formación sacerdotal incluyen cursos obligatorios de protección de menores, además de protocolos establecidos para atender posibles casos de abuso dentro de las diócesis.
Señalaron el acompañamiento de sacerdotes de la Arquidiócesis de Monterrey a la Fundación El Roble, institución dedicada a brindar atención psicológica y asesoría legal a personas sobrevivientes de abuso y maltrato durante la infancia.
Más que una clase de doctrina, el episodio se convirtió en un espacio de diálogo entre la cultura popular y la Iglesia.
Las preguntas de Franco permitieron llevar a una conversación pública asuntos que muchas veces permanecen en el terreno de las dudas personales, mostrando a cuatro sacerdotes dispuestos a explicar su fe y su ministerio desde un lenguaje cercano.
† En el tercer mes, el Arzobispo Emérito de Tulancingo pide fortalecer una Pastoral Juvenil cercana, esperanzadora y comprometida con el acompañamiento de las nuevas generaciones
El 25 de agosto inició el tercer mes de intención del Año Jubilar “Oro y Plata”, convocado con motivo de los aniversarios sacerdotal y episcopal de Mons. Domingo Díaz Martínez.
El Arzobispo Emérito de Tulancingo dedica en esta ocasión el periodo especialmente a los jóvenes, al reconocer en ellos una esperanza y una prioridad para la vida de la Iglesia.
“Seamos una Iglesia más agradecida”, frase con la que Mons. Domingo Díaz invita a dar gracias a Dios por los laicos que, con generosidad y entusiasmo, trabajan y acompañan a las nuevas generaciones.
Desde su propia experiencia pastoral recordó su servicio en la Diócesis de Querétaro, donde colaboró en el impulso de la Pastoral Juvenil.
“Si descuidamos a los jóvenes, estamos descuidando a la Iglesia”, afirma al destacar la responsabilidad de toda la comunidad eclesial de caminar junto a ellos, escuchar sus inquietudes y ofrecerles espacios en los que puedan descubrir y vivir su vocación.
“Educar a los jóvenes es una tarea, acompañarlos una alegría, corregirlos una responsabilidad, dialogar con ellos un reto, motivarlos una prioridad, cuidarlos una obligación [...] prevenir a los jóvenes es nuestra esperanza”.
Cada una de estas acciones, señaló, forma parte de una pastoral juvenil cercana, capaz de responder a las realidades y desafíos que enfrentan las nuevas generaciones.
Finalmente, Mons. Domingo Díaz Martínez invitó a vivir este mes desde la oración, pidiendo al Señor la gracia y el ánimo para construir una Pastoral Juvenil llena de esperanza, que acompañe a los jóvenes y les ayude a descubrir que tienen un lugar y una misión dentro de la Iglesia.

† Tiempo para conocer los acontecimientos que llevaron al conflicto armado y centrarse en preguntas sobre libertad religiosa, pertenencia, martirio y el dilema de los católicos que tuvieron que decidir entre resistir, combatir o permanecer fieles a su conciencia
La Resistencia Cristera no surgió de manera espontánea. Es necesario considerar las tensiones entre el Estado y la Iglesia tras la Revolución Mexicana, particularmente a partir de la Constitución de 1917, que estableció disposiciones sobre la educación, el culto, las órdenes religiosas, los bienes de la Iglesia y la participación de los ministros de culto en la vida pública.
Aunque durante el gobierno de Álvaro Obregón (1920-1924) hubo una etapa de relativa distensión, la fe continuaba siendo parte fundamental de la vida familiar y comunitaria de amplios sectores de la población.
Para Jean Meyer, doctor e historiador, este sentido de pertenencia resulta clave para entender la Cristiada.
“Para muchos católicos, defender su fe significaba también defender una parte esencial de su identidad, su comunidad y su forma de vida”, mencionó durante la CXX Asamblea Plenaria con los Obispos de México.
En 1922, Pío XI asumió el Pontificado; tres años después, en 1925, el Papa instituyó la fiesta de Cristo Rey mediante la encíclica Quas primas. Para Pío XI, el reinado de Cristo no debía entenderse como un proyecto político, sino principalmente espiritual, relacionado con la vida de las personas.
Este dato adquiere especial relevancia al analizar posteriormente la Cristiada: la exclamación “¡Viva Cristo Rey!”, que se convertiría en una de las expresiones más representativas de los cristeros.
Jean Meyer insiste precisamente en este punto: “Los cristeros no pretendían convertirse en la Iglesia, conquistar el Estado ni llegar al poder [...] Su lucha estaba relacionada con la defensa de aquello que entendían como su libertad religiosa”.

De acuerdo con el Dr. Meyer, este año lo plasma como determinantes en la escalada del conflicto, particularmente por el intento de establecer una Iglesia Católica Apostólica Mexicana, separada de la autoridad de Roma.
El 14 de marzo de 1925 fue fundada la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, organización que inicialmente buscó enfrentar las medidas anticlericales por medios cívicos y pacíficos.
La tensión aumentaría al año siguiente con la aplicación de la llamada Ley Calles, que reglamentó las disposiciones anticlericales de la Constitución de 1917 y estableció nuevas restricciones para el ejercicio del ministerio sacerdotal.
La Santa Sede y el Episcopado Mexicano consideraron que estas medidas no podían aceptarse. Ante la entrada en vigor de la legislación, se determinó suspender el culto público.
La decisión profundizó la tensión. En distintos lugares del país comenzaron los enfrentamientos y los primeros derramamientos de sangre. Lo que había iniciado con organización civil y resistencia pacífica comenzó a transformarse, en diferentes regiones, en levantamientos armados.
El término “cristero” quedó asociado a los católicos que participaron en la resistencia armada entre 1926 y 1929.
Meyer muestra que detrás de aquellos hombres existían comunidades, familias, historias personales y una profunda identificación con la fe católica. Muchos procedían de comunidades rurales donde la Iglesia tenía una presencia central en la vida cotidiana.
El historiador recuperó particularmente el testimonio de Aurelio Acevedo, uno de los protagonistas de la Cristiada, quien participó en el levantamiento y posteriormente reflexionó sobre lo vivido.
Acevedo era un hombre de fe preocupado por el uso de las armas. Había tenido que combatir y acabar con la vida de otros mexicanos. En esa experiencia aparecía una contradicción difícil de resolver: ¿cómo podía un cristiano amar al prójimo y, al mismo tiempo, quitarle la vida?
La pregunta muestra que la Cristiada no fue vivida únicamente como una lucha entre dos bandos; para algunos de sus protagonistas también fue un profundo conflicto de conciencia.
Meyer ha denominado esta tensión como “la imposible lealtad”: la dificultad de permanecer fiel a distintas obligaciones cuando estas parecen entrar en contradicción.
En la conferencia “Lo que no te contaron de la Guerra Cristera”, impartida por el Pbro. Carlos Rocha Hernández, Vicario Canciller de la Diócesis de San Juan de los Lagos y capellán de la Guardia Nacional Cristera, se abordó el significado del martirio cristiano.
El sacerdote explicó que no toda persona que muere durante un contexto de violencia es, por ese solo hecho, un mártir. Desde la perspectiva cristiana, el mártir es quien entrega la vida por Cristo y por causa de la fe:
“No todos los cristeros fueron mártires ni todos los mártires de la persecución religiosa fueron combatientes”.
En el portal web de Opus Dei se define lo siguiente: “Los mártires son cristianos que dan su vida por mantenerse fieles en el seguimiento de Jesucristo. La palabra griega «mártir» significa “testigo”.
A casi un siglo de distancia, la Cristiada continúa planteando preguntas que van más allá de las fechas y los enfrentamientos.
El análisis de Jean Meyer permite mirar a los cristeros no solamente como hombres que tomaron las armas, sino como personas profundamente vinculadas con su fe, sus familias y sus comunidades. Su historia también muestra las contradicciones que enfrentaron cuando tuvieron que decidir entre resistir, combatir, obedecer o abandonar la lucha.
Las respuestas quizá no sean sencillas; la historia de los cristeros continúa interpelando casi un siglo después, porque detrás de la guerra hubo personas, y detrás de sus decisiones hubo una conciencia que, incluso después de terminados los combates, continuó preguntándose si aquello que habían hecho había sido correcto.
La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) inauguró un tiempo de memoria, reconciliación y reflexión histórica con motivo del centenario de la suspensión del culto público en 1926; en un mensaje, los obispos llaman a fortalecer la libertad religiosa, construir la paz y mirar el pasado sin resentimiento, pero sin olvidar la verdad.
Así lo expone el Pbro. Juan Javier Padilla Cervantes, Secretario Ejecutivo para la Pastoral de la Comunicación (CEPCOM), en un artículo publicado para Red Católica el 1 de agosto, y como a continuación lo retomamos.
Al cumplirse 100 años de la entrada en vigor de la llamada Ley Calles y de la suspensión del culto público en México, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) publicó el mensaje: “Callaron las campanas de los templos, habló su sangre. Memoria de nuestros mártires, libertad religiosa y construcción de la paz”.
En el documento, fechado el 31 de julio de 2026, los obispos explican que esta conmemoración no busca reabrir heridas ni alimentar divisiones, sino ofrecer una memoria agradecida y sanadora, capaz de fortalecer la reconciliación nacional y orientar a las nuevas generaciones. Recuerdan que el conflicto religioso iniciado en 1926 representó uno de los episodios más dolorosos de la historia contemporánea de México y marcó profundamente la vida de la Iglesia y del país.
Los obispos subrayan que la conmemoración no exalta la violencia ni las armas, ni pretende reivindicar una victoria política. Por el contrario, afirman que recuerda la fidelidad de miles de creyentes que mantuvieron viva la fe durante la persecución, el testimonio de los mártires que entregaron su vida perdonando a sus perseguidores y la enseñanza de que la libertad religiosa constituye un derecho humano fundamental para todas las personas.
El mensaje reconoce además que el conflicto representó una herida fratricida, pues enfrentó a mexicanos contra mexicanos. En ese contexto, los pastores reconocen que también la Iglesia debe mirar su propia historia con humildad, pedir perdón por aquello que le corresponda y favorecer procesos de reconciliación, al tiempo que sostienen que la persecución religiosa fue una realidad histórica que no puede ser silenciada.
La CEM reconoce los avances alcanzados en México desde las reformas constitucionales de 1992 y la promulgación de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, así como la reforma al artículo 24 constitucional. Sin embargo, advierte que la libertad religiosa todavía enfrenta limitaciones, entre ellas restricciones al ejercicio público del culto fuera de los templos, impedimentos para que las asociaciones religiosas accedan a concesiones de radio y televisión, y diversas limitaciones para la presencia pública de las convicciones religiosas.
El Episcopado destaca que esta conmemoración ya comenzó a vivirse en parroquias y diócesis del país gracias a la participación de familias, jóvenes, catequistas y comunidades laicales. Entre las iniciativas previstas se encuentran jornadas de oración por la paz, peregrinaciones, congresos académicos, publicaciones históricas y la serie de catequesis “Testigos del Reino”, destinada especialmente a las nuevas generaciones.
Al concluir el mensaje, firmado por Mons. Ramón Castro Castro, Presidente de la CEM, y Mons. Héctor M. Pérez Villarreal, Secretario General, los obispos invitan a todos los mexicanos a mirar esta etapa de la historia con esperanza, convencidos de que la memoria auténtica permite nombrar la verdad sin odio, perdonar sin olvidar y trabajar por una nación donde la dignidad humana, la libertad de conciencia y la paz sean plenamente respetadas.
† El Arzobispo Emérito de Tulancingo inició el 25 de julio el segundo mes de su Año Jubilar Oro y Plata
Con el canto “Señor, necesitamos sacerdotes; necesitamos fieles laicos”, Mons. Domingo Díaz Mártinez llamó a vivir este segundo mes, de su Año Jubilar Oro y Plata, como una oportunidad para reconocer y agradecer a Dios por las vocaciones que han servido a la Iglesia.
“Seamos una Iglesia más agradecida”, expresó al recordar que la Iglesia ha recibido numerosas vocaciones de sacerdotes, religiosas, religiosos, misioneros y laicos comprometidos.
Compartió también parte de su experiencia al inicio de su ministerio sacerdotal, al recordar que pocos días después de ser ordenado sacerdote, el entonces obispo de Querétaro, Mons. Alfonso Toriz Cobián, lo nombró promotor vocacional de las 83 parroquias de la diócesis.
A partir de esta experiencia, el ahora Arzobispo Emérito de Tulancingo compartió cinco aspectos fundamentales para impulsar una cultura vocacional en las comunidades.
Primero: trabajar pensando en el futuro de la Iglesia, pues consideró que el compromiso actual en la promoción vocacional puede favorecer el surgimiento de nuevas vocaciones y contribuir a enfrentar la escasez de sacerdotes.
Segundo: la importancia de la oración, recordando que sin Dios no es posible realizar esta misión: “Hagamos oración para pedir al dueño de la mies que envíe operarios a su mies”.
En tercer lugar destacó que la promoción vocacional requiere de un equipo integrado por laicos, religiosas, religiosos y sacerdotes, capaz de impulsar las distintas vocaciones dentro de la Iglesia.
Como cuarto punto señaló la necesidad de que cada parroquia cuente con un equipo de laicos que acompañe, atraiga y forme especialmente a los adolescentes, ayudándolos a descubrir su posible llamado al servicio de Dios y de la Iglesia.
Finalmente, Mons. Domingo Díaz Martinez afirmó que el párroco tiene la llave para abrir las puertas a la pastoral vocacional, por lo que exhortó a los sacerdotes a facilitar y promover este trabajo en sus comunidades.
“Hagamos oración para que todos los párrocos abran la puerta en su comunidad a la pastoral vocacional”, exhortó.
Cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial de las Personas Refugiadas, fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para reconocer la fortaleza y resiliencia de millones de personas que han tenido que abandonar su hogar a causa de la guerra, la persecución, la violencia y las crisis humanitarias.
De acuerdo con la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), una persona refugiada es aquella que ha huido de su país por temor fundado a sufrir persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, género o pertenencia a determinado grupo social.
A ello se suman conflictos armados, violaciones graves a los derechos humanos y escenarios de violencia que obligan a las familias a buscar protección en otras naciones.

Según la última actualización del censo proporcionado por ACNUR en julio de 2025, el periodo más reciente sobre el que se dispone de información, 117.3 millones de personas se habían visto forzadas a huir de sus hogares en todo el mundo a causa de la persecución, conflicto, violencia, violaciones de los derechos humanos o acontecimientos que perturban gravemente el orden público como las guerras, entre ellas había casi 42.5 millones de personas refugiadas.
4.4 millones de personas apátridas hay en el mundo, a quienes se les ha negado una nacionalidad y carecen de acceso a derechos básicos como educación, atención médica, empleo y libertad de movimiento.
Los conflictos en Ucrania, Gaza, Sudán y diversas regiones de Medio Oriente han provocado que un gran número de familias enteras busquen refugio lejos de la violencia.
Tan solo en Sudán, millones de personas han huido hacia países vecinos; mientras que la guerra en Tierra Santa continúa dejando comunidades enteras desplazadas y una grave crisis humanitaria.
A ello se agregan los efectos de la crisis climática y los fenómenos meteorológicos extremos que continúan agravando el panorama humanitario.
En medio de este contexto, la Iglesia católica ha mantenido un llamado constante a la paz, la solidaridad y la acogida de quienes sufren el desarraigo; desde el inicio de su pontificado, León XIV colocó este mensaje en el centro de su ministerio.
Su primer saludo al mundo fue precisamente: «La paz esté con ustedes», una expresión que hoy adquiere especial significado ante los conflictos que obligan a miles de personas a abandonar su tierra.

En su mensaje para la 111 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, en julio de 2025, el Santo Padre advirtió que el contexto mundial actual «está tristemente marcado por guerras, violencia, injusticias y fenómenos meteorológicos extremos», factores que obligan a millones de personas a desplazarse en busca de refugio.
Asimismo, señaló que los migrantes y refugiados «se erigen como mensajeros de esperanza», capaces de recordar al mundo la dignidad humana y el valor de la fraternidad.

La Iglesia ha respondido a esta realidad mediante una amplia red internacional de apoyo humanitario.
En Europa, parroquias, congregaciones religiosas y organizaciones católicas continúan ofreciendo alojamiento, asistencia legal, acompañamiento espiritual, alimentación y espacios seguros para familias desplazadas provenientes principalmente de Medio Oriente y África.
Es una de las principales redes humanitarias católicas en el continente, coordina la ayuda para refugiados provenientes de Ucrania, Medio Oriente y África.
En 2025, representantes de Cáritas Europa realizaron una visita oficial a Ucrania para reforzar la asistencia humanitaria en zonas afectadas por la guerra.
De esta forma, la organización mantiene programas de: refugio temporal, asistencia psicológica, distribución de alimentos, evacuación de civiles y apoyo a niños y adultos mayores desplazados.
La red de Cáritas en Ucrania es actualmente una de las mayores estructuras humanitarias locales del país, trabajando junto a parroquias y diócesis.

El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) opera en distintos países europeos acompañando a personas desplazadas por la guerra.
Sus programas incluyen: apoyo psicológico para refugiados ucranianos, asistencia legal, acceso a educación, integración social y protección de menores desplazados.
La organización trabaja especialmente en Polonia, Rumania, Hungría y otros países fronterizos con Ucrania, donde millones de personas buscaron refugio tras el inicio de la invasión rusa.

La Comunidad de Sant’Egidio se ha convertido en uno de los ejemplos más importantes de ayuda humanitaria impulsada por la Iglesia en Europa.
Su programa de “Corredores Humanitarios” permite que refugiados provenientes de Siria, Afganistán, Líbano y África lleguen legalmente y de manera segura a Europa sin recurrir a traficantes ni arriesgar la vida cruzando el Mediterráneo.
Desde 2016 más de 8 mil 500 refugiados han llegado de forma segura a Italia gracias a este proyecto, muchos de ellos mujeres, niños y personas enfermas.

Una de las consecuencias recientes sucedió en marzo de este año, cuando la administración de Donald Trump canceló abruptamente un contrato de 11 millones de dólares con Catholic Charities para albergar y cuidar a niños migrantes que llegaron solos a Estados Unidos, poniendo fin a una relación entre la Iglesia católica y el gobierno estadounidense que se remonta a la llegada de los primeros exiliados cubanos al sur de Florida.
Con información del diario El País, estos centros de Caridades Católicas operan como una red de organizaciones locales que gestiona, además del sistema de acogida para niños inmigrantes, programas de reasentamiento de refugiados y para personas sin hogar, así como distribución de alimentos y asistencia tras desastres naturales.
Esta organización sin fines de lucro opera lo que equivale un sistema de acogida financiado por el gobierno, distinto e independiente de las agencias estatales que tienen la custodia de niños víctimas de abuso y negligencia.
El gobierno se puso en contacto con la organización benéfica a finales de marzo para notificar la cancelación de los fondos.
Según el arzobispo Thomas Wenski, la decisión de terminar el contrato se produjo en marzo de este año, descartando que estuviera relacionada con las recientes tensiones entre Trump y el Papa León XIV por las críticas del Pontífice a la guerra con Irán.

En medio de ese dolor silencioso, la Iglesia continúa levantando refugios donde otros levantan muros, ofreciendo pan donde la guerra deja hambre y escuchando historias que muchas veces el mundo prefiere ignorar.
Su presencia en campamentos, hospitales, parroquias y zonas devastadas recuerda que la paz no puede reducirse a discursos diplomáticos, sino que comienza cuando la humanidad es capaz de reconocer el sufrimiento del otro como propio.

† La historia de Julián Quiñones es un testimonio de perseverancia, del amor de una madre que nunca dejó de creer en él y de un futbolista que encontró en México un hogar, una oportunidad y el escenario para hacer historia.
Apenas corría el minuto nueve del partido inaugural de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el Estadio Ciudad de México cuando millones de aficionados fueron testigos de un momento histórico. El delantero colombiano naturalizado mexicano, Julián Quiñones, envió el balón al fondo de las redes y se convirtió en el autor del primer gol de la justa mundialista.
Detrás de esa anotación no solo hay un futbolista en la cima de su carrera, sino la historia de un niño que creció en Colombia, en una región marcada por las dificultades y la violencia, soñando con cambiar su destino y ayudar a su familia.
La historia que hoy emociona a millones fue retratada por el periodista John Sutcliffe en un reportaje de ESPN México, en el que Julián y su familia recuerdan el camino recorrido para llegar hasta este momento.
"Fui un niño muy alegre, que nunca estaba en su casa, siempre estaba en la cancha de fútbol", recordó el delantero.
La ausencia de su padre marcó su infancia y fue su madre, Gloria Quiñones, quien asume sola la responsabilidad de sacar adelante a sus hijos.
“Mi mamá fungió como papá y mamá al mismo tiempo, eso fue difícil porque a veces falta un padre que esté ahí para darte consejos”, confesó el seleccionado mexicano.
Su principal motivación siempre ha sido su familia: su madre, sus tres hermanas y su abuela. Por ellas decidió aferrarse al fútbol y alejarse de los malos caminos.
A los 16 años ingresó a la academia “Fútbol Paz”, en Cali Colombia, y poco después gracias a las visorias, llegó a México junto a su madre para probarse con las categorías inferiores del Club Tigres de la UANL.
Desde entonces comenzó a destacar por una disciplina poco común para su edad. Llegaba temprano a los entrenamientos, cuidaba su alimentación y mantenía una mentalidad competitiva que lo acompañaría durante toda su carrera.
"Cuando me dijeron que me iba a quedar en el club fue un alivio para mí, porque le había prometido muchas cosas a mi mamá", recordó.
En el fútbol mexicano, Quiñones construyó una carrera llena de éxitos, en Tigres, logró conquistar dos títulos de Liga MX, y posteriormente alcanzó la gloria con el Atlas , siendo pieza clave del histórico bicampeonato rojinegro. Su calidad también lo llevó al Club América, donde sumó otro bicampeonato a su palmarés antes de emprender una nueva aventura con el Al-Qadisiyah de Arabia Saudita, donde hoy es campeón de goleo, incluso por encima del portugués Cristiano Ronaldo.
Su naturalización también le trajo críticas y cuestionamientos sobre su lugar en la Selección Mexicana. Sin embargo, el delantero siempre ha respondido con gratitud y amor por el país que le abrió las puertas.
"Las personas que no conocen mi historia siempre van a juzgarme, pero eso no me importa; lo que importa es lo que yo sienta y yo siento mucho amor por México."
Hoy, Julián Quiñones ha quedado inscrito para siempre en la historia del fútbol al marcar el primer gol del Mundial de 2026 con la camiseta de México, un símbolo de perseverancia y de la oportunidad que encontró en esta tierra.
Antes de integrarse a la concentración mundialista, su madre le dejó un mensaje que hoy adquiere un significado especial:
"Como siempre lo he dicho, lo amo. Que Dios lo lleve con bien donde vaya, que donde él pise no sea derrotado."
Y el delantero respondió:
"Gracias por siempre estar allí, por nunca soltarme, por siempre confiar en mí."
Tras escribir su nombre en la historia de los Mundiales, Quiñones dedicó su logro a quienes lo acompañaron en el camino:
"Este Mundial se lo dedico a toda la gente que me ha apoyado."
Mons. Domingo Díaz Martínez compartió para Luz de Luz, detalles sobre su actual estado de salud luego de haber sido sometido a una intervención quirúrgica para la colocación de una prótesis en la rodilla izquierda.
El señor arzobispo emérito de Tulancingo explicó que después de más de seis décadas de intensa actividad física y pastoral, el desgaste natural terminó por agotar el cartílago de su rodilla, situación que hizo necesaria la cirugía.
“Nunca sentí ninguna molestia en más de 60 años. Fui deportista, jugué básquetbol, fútbol y siempre tuve mucha actividad. Pero llegó el momento en que la rodilla se cansó, se acabó el cartílago y hubo que poner una prótesis”, relató.
“Hay gente que piensa que me pasó lo peor, pero no. Solamente se acabó el cartílago de la rodilla y hubo que colocar una prótesis. Eso es todo”.
Lejos de ver la enfermedad como una tragedia, monseñor Domingo Díaz asegura que ha vivido este proceso con una actitud de aceptación y confianza en Dios
“Como dice el dicho: ‘No hay mal que por bien no venga’. Yo acepto, vivo y busco darle salida a los males, pero también estoy esperando los bienes con esa esperanza. Con la esperanza de que vienen tiempos mejores”, expresó.
Durante la conversación recordó las palabras del santo Job: “Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? .El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Bendito sea su santo nombre (Job 2,10)”.
“Hay que decirle a la gente que son cosas normales de la vida. Debemos vivir las limitaciones que van apareciendo por la edad, por la enfermedad o por cualquier circunstancia, con la esperanza de que vamos a estar mejor”, señaló.
“Estoy agradecido con mis hermanos sacerdotes que han estado al pendiente todo el tiempo y me han venido a visitar. También con los laicos que me han mostrado su apoyo, sus oraciones y su cariño”.
Aunque reconoció que existen molestias y dolor tras la operación, aseguró que estos son soportables cuando existe la certeza de una recuperación favorable.
Tras la cirugía ha iniciado su proceso de rehabilitación, una etapa que se extenderá durante aproximadamente seis meses para lograr una recuperación adecuada.
“Gracias a Dios y a los médicos todo salió bien. La operación duró cerca de hora y media, y ahora sigue la rehabilitación. Voy saliendo y voy mejor”, afirmó.
El señor arzobispo emérito también aclaró que, contrario a lo que algunas personas pudieran pensar, no se encuentra en una situación grave de salud.
Muy bien Don Domingo q se recupere y con el favor de Dios nos visite en la Villita de aquí de Tulancingo!!
La Basílica de la Sagrada Familia fue iniciada en 1883 por Antoni Gaudí
La historia de la Basílica de la Sagrada Familia narra el proceso de una obra que ha atravesado generaciones, guerras, crisis económicas y cambios sociales, pero nunca ha detenido su construcción.
Iniciada en 1883, diseñada por el arquitecto Antoni Gaudí, se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los templos más emblemáticos del mundo y en el símbolo más reconocible de Barcelona.
El 20 de febrero de este año, la ciudad vivió un momento histórico cuando fue coronada la torre de Jesucristo, la más alta del templo, alcanzando 172.5 metros de altura, lo que convierte a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo.
Tras más de 140 años de construcción, la obra maestra de Gaudí continúa avanzando hacia su culminación.
En el interior del templo, prácticamente terminado desde 2010, cada elemento tiene un significado simbólico.
No hay dos columnas iguales y la bóveda principal, formada por cinco naves, evoca un bosque de palmas que crea una atmósfera única de luz y espiritualidad.
El templo fue consagrado en 2010 por el Papa Benedicto XVI, quien lo elevó a la categoría de Basílica.
La historia del templo también se entrelaza con la vida de su creador: la torre central será bendecida solemnemente el próximo 10 de junio de 2026, fecha que coincide con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, el arquitecto que dedicó gran parte de su vida a esta obra que hoy sigue siendo un símbolo de fe, arte y perseverancia.
En este contexto, el Vaticano anunció que durante su viaje a España, el Papa León XIV bendecirá la obra finalmente terminada.
† La celebración estuvo marcada especialmente al recordar el testimonio de los mártires de la Guerra Cristera, cuyo centenario se conmemora en este año.
En el Domingo de la Divina Misericordia, la Diócesis de Huejutla peregrinó a la Insigne Nacional Basílica de Guadalupe, donde cientos de fieles se congregaron para participar en la Eucaristía y renovar su fe como pueblo peregrino.
En este contexto, Mons. José Hiraís Acosta Beltrán invitó a los fieles a mirar este acontecimiento como una fuente de inspiración para la vida cristiana actual.
“Nuestros mártires murieron proclamando: ‘¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!’, afirmando que ningún poder humano puede reclamar la soberanía absoluta sobre la conciencia”, expresó.
El señor obispo de Huejutla destacó que este testimonio no pertenece solo al pasado, sino que interpela a las nuevas generaciones a vivir su fe con valentía, en medio de una sociedad marcada por desafíos como la violencia, el individualismo y la pérdida del sentido de lo sagrado.
Subrayó la importancia de construir la paz desde una dimensión cristiana, entendida no solo como ausencia de conflicto, sino como fruto de la justicia, la reconciliación y el compromiso social.
“La paz inicia en el corazón, se construye en la familia, se cultiva en la comunidad y se defiende en la sociedad”, recordó al retomar el Magisterio de la Iglesia.
Como signo de la riqueza cultural y del compromiso evangelizador de la diócesis, el presbítero Gerardo Arenas, rector del Seminario diocesano, realizó la lectura de la homilía en náhuatl, hecho que resaltó la importancia de anunciar el Evangelio desde las lenguas originarias.
La peregrinación también fue ocasión para hacer memoria de los orígenes de la diócesis y de su identidad profundamente guadalupana.
En este contexto, se evocó el saludo legado por el primer obispo de Huejutla, Monseñor José de Jesús Manríquez y Zárate inspirado en el testimonio cristero:“Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”.
Este lema, más que una consigna, representa una síntesis de fe, resistencia, unión y esperanza que continúa animando la vida pastoral de la diócesis.
Finalmente, el obispo hizo un llamado a vivir la misericordia como signo concreto del seguimiento de Cristo resucitado, en comunión con la Iglesia y comprometidos con la transformación de la sociedad.
Deja un comentario